El personaje:

Olentzero es un carbonero que se representa como un hombre grueso, desharrapado, manchado de carbón, de buen comer y borrachín. Aita Donostia lo describe como “cabezón sin inteligencia” (buruhandia, entendimendu gabea) o “puerco barrigudo” (urde tripaundia). Su singular característica es que vive aislado de la sociedad dedicado a hacer carbón vegetal en el bosque gustándole comer y beber bien y cada invierno baja de las montañas a los pueblos.1

La primera referencia en la historia es con los Fueros Navarros. Según el historiador Isasti de Lezo (XVII), Onenzaro es el nombre recibido por la víspera de Nochebuena.

El simbolismo:

La hipótesis más extendida es que el origen de Olentzero es anterior a la cristianización de Navarra y que, como indica Claude Labat “el personaje de Olentzero debe ser ubicado dentro de las celebraciones del solsticio de invierno”.

Hay constancia de la existencia en el territorio vasco de la conmemoración del solsticio de invierno y el renacimiento de la naturaleza y del sol. En esta línea, el aspecto desharrapado, descuidado y viejo del personaje simbolizaría el tiempo pasado y su quema, manera habitual en la que terminaba el pasacalles del día de Nochebuena, representa la destrucción de toda relación con el “tiempo viejo” y el recibimiento de un nuevo tiempo. El paso de un tiempo que ya muere a uno renovado y lleno de vida, en palabras de J.M. Satrústegui, “supone dejar el camino libre al año que llega”.

Esta hipótesis esta relacionada con costumbres locales similares. En Álava, Navarra, La Rioja y la comarca burgalesa de La Bureba el día anterior de Nochevieja viene un hombre que tiene “tantos ojos” como días del año y el día de Nochevieja “tantas narices” como días del año. En Larráun denominan a Olentzaro “el hombre de los 366 ojos”.

El cristianismo adaptó las costumbres locales anteriores a sus nuevas creencias. El personaje Olentzero se habría convertido en el anunciador de la noticia del nacimiento de Jesús (como también lo hicieron los gentiles, que coinciden con Olentzero en el tipo de vida aislado que mantienen). Se dota al personaje de un significado cristiano y hogareño acorde con las enseñanzas de la iglesia católica. La comparación con el nórdico Papá Noel, en particular en el País Vasco Francés, fue inevitable

Eguzkilore (la leyenda):

«Hace miles y miles de años, cuando los hombres empezaban a poblar la tierra, no existían ni el sol ni la luna y los hombres vivían en constante oscuridad, asustados por los numerosos genios que salían de las entrañas de la tierra en forma de toros de fuego, caballos voladores enormes dragones…
Los hombres, desesperados, decidieron pedir ayuda a la Tierra.
-Amalur (madre Tierra)-le rogaron-te pedimos que nos protejas de los peligros que nos acechan constantemente…
La tierra estaba muy atareada y no hizo caso a los hombres, pero estos tanto y tanto insistieron que al final les atendió:
-Hijos míos, me pedís que os ayude y eso voy a hacer. Crearé un ser luminoso al que llamaréis Luna.
Y la Tierra creó la Luna.
Al comienzo, los hombres se asustaron mucho y permanecieron en sus cuevas sin atreverse a salir, pero, poco a poco, fueron acostumbrándose.Al igual que los hombres, los genios y las brujas también se habían atemorizado al ver aquel objeto luminoso en el cielo pero también se acostumbraron y no tardaron en salir de sus simas y acosar de nuevo a los humanos.
Acudieron una vez más los hombres a la Tierra.
-Amalur -le dijeron- te estamos muy agradecidos porque nos has regalado a la madre Luna pero aún necesitamos algo más poderoso puesto que los genios no dejan de perseguirnos.
-De acuerdo, crearé un ser todavía más luminoso al que llamaréis Sol. El Sol será el dia y la Luna, la noche.
Y la Tierra creó al Sol.
Era tan grande, luminoso y caliente que los hombres tuvieron que ir acostumbrándose poco a poco pero su gozo fue muy grande porque, gracias al calor y a la luz del Sol, crecieron las plantas de vivos colores y los árboles frutales. Y, lo que es aún más importante, los genios y las brujas no pudieron acostumbrarse a la gran claridad del día y desde entonces sólo pudieron salir de noche.Otra vez fueron los hombres a ver a la Tierra.
-Amalur -le dijeron- te estamos muy agradecidos porque nos has regalado la madre Luna y la madre Sol pero necesitamos aún algo más porque aunque durante el día no tenemos problemas, al llegar la noche los genios salen de sus simas y nos acosan.
Nuevamente, la Tierra les dijo:
-Está bien. Voy a ayudaros una vez más. Crearé para vosotros una flor tan hermosa que, al verla, los seres de la noche creerán que es el propio Sol.
Y la Tierra creó la flor Eguzkilore (Flor del Sol) que hasta nuestros días defiende nuestras casas de los malos espíritus, brujos, lamias, genios de la enfermedad, la tempestad y el rayo.»

**** Es una planta bienal, espinosa, semejante al cardo, con el tallo rígido que alcanza los 3 dm de altura. Hojas recortadas y espinosas, lobuladas con involucro hemisférico y brácteas punzantes, las basales en una ancha roseta, prácticamente lampiñas. El capítulo llega hasta 8-13 cm de diámetro, sus brácteas más internas, patentes y mucho más largas que los flósculos se asemejan a lígulas blancas plateadas; los flósculos del disco varían de blanquecinos a rojizos.

Cuenta la leyenda que, para celebrar su cuarenta aniversario, el emperador Carlomagno organizó una fiesta en la que retó, a un soldado franco, a una partida de ajedrez.
Este hombre tenía fama de ser el mejor jugador de ajedrez del reino, su nombre era Garín.

Para dicha partida, Carlomagno ofreció un ajedrez bellísimo que a todos embaucó. Se lo había regalado el gobernador musulmán de Barcelona, en agradecimiento por una ayuda prestada en batalla.

Esta obra de arte había sido realizada por artesanos árabes. Era tan grande y pesado que para transportarlo se necesitaban ocho personas que se lo colocaban a los hombros.

Además del tablero, las piezas eran de espectacular belleza. Estaban hechas de materiales nobles y decoradas con piedras preciosas como rubíes, diamantes o zafiros.

Como estaban confeccionadas con materiales muy brillantes deslumbraban de una forma, casi misteriosa, a todos los que las contemplaban.

La pieza más grande del ajedrez era el rey que medía 15 centímetros de altura. Era la figura de un hombre con corona subido en un elefante.

La reina iba sentada en una silla decorada con piedras preciosas.

El alfil era un elefante que llevaba una silla con gemas incrustadas que tenían formas muy extrañas.

El caballo era una preciosa representación de este animal de origen árabe. Esbelto y con singular bravura.

La torre estaba representada por un camello que portaba una gran silla en forma de torreón alto.

Y, por último, el peón era un soldado con unos bonitos ojos hechos con dos piedras preciosas y que llevaba una espada con una bella empuñadura de diamantes.

Dicen que este ajedrez estaba embrujado y tenía poderes mágicos: hacía desear la muerte de cualquier persona con tal que se ganara la partida.

Cuentan que, antes de comenzar la partida, Carlomagno habló de una forma muy extraña a todos los asistentes:

-Propongo una apuesta- dijo en pie dirigiéndose a Garín-. Si tú me ganas en esta partida, te donaré los territorios que poseo desde Aquisgrán hasta los Pirineos. Además, te concederé la mano de mi hija mayor.

Se organizó un gran revuelo en el patio ya que, de todos era sabido, el amor que profesaba Carlomagno a sus hijas y a su reino.

Comenzaron a escucharse rumores de los más incrédulos que mencionaban que aquel ajedrez estaba embrujado.

-Pero igual te digo Garín, que si pierdes la partida serás degollado aquí al amanecer- sentenció Carlomagno.

La partida comenzó de una forma muy extraña entre murmullos y destellos casi mágicos.

Los dos contendientes, el emperador y Garín, se estaban comportando de una forma muy extraña.

Parecían como poseídos por el mismísimo diablo. Sus cuerpos temblaban de forma muy visible; las gotas de sudor corrían por sus rostros; sus miradas mostraban puro odio.

Carlomagno estaba muy alterado y enfadado, mientras que, a Garín se le notaba enfermizo y desolado.

Cuando llevaban poco más de una hora de juego, de pronto, el semblante de Carlomagno se volvió humano. Las lágrimas surcaron su rostro.

Con una poderosa fuerza interior, se levantó de su silla, cogió el tablero de ajedrez y lo volcó con gran fiereza.

Todas las piezas rodaron por el suelo dejando un halo de misterio allí por donde pasaban…

Cuentan que, Carlomagno, repuesto de esa enfermiza actitud gritó con gran fuerza:

-Los nuestros han comenzado la batalla. ¡Suena con gran poder el olifante de mi sobrino Roldán!- dijo Carlomagno dirigiéndose hacia el capitán del ejército.

Entonces, el emperador, mandó tocar todos sus olifantes para que Roldán supiera que le había oído y acudía en su ayuda.

El ejército de Carlomagno se vistió con cotas de malla, yelmo, y portaba lanzas y espadas. Cabalgaban hacia el paso de los desfiladeros.

Carlomagno iba montado en su caballo, deseoso de venganza.

Mientras iba rogando a Dios que mantuviera vivo a su sobrino Roldán para que pudieran luchar juntos contra los sarracenos…

****

En algún lugar de Roncesvalles, Oliveros, fiel amigo de Roldán, se ha asomado a un barranco.

Allí, ve un gran ejército de sarracenos que llega desde España.

-Oigo el ruido metálico de multitud de escudos, yelmos, lanzas y espadas. El eco nos trae el golpeteo de los caballos sobre la tierra- dice Oliveros dirigiéndose a Roldán-. ¡Desfilan muchísimos hombres! ¡Nunca he visto brillar tanta cota de malla junta! ¡Roldán!- grita desesperado Oliveros-. ¡Toca el olifante para que Carlomagno te oiga!

-Haré tocar el olifante- dijo Roldán acercándose a ver quien les acechaba-. No te preocupes, mi tío vendrá rápidamente a ayudarnos y la batalla se tornará más cruenta todavía. Pero espera un poco. Somos valientes y bravos, podemos vencerlos- comenta Roldán muy seguro de sí mismo.

Pero algunos de los sarracenos ya estaban escondidos esperando atacar la retaguardia del ejército de Roldán.

Eligieron un camino muy estrecho. A un lado, se abría el abismo, al otro, un bosque muy denso donde no había escapatoria.

Comenzaron los sarracenos a lanzarles desde lo alto multitud de rocas que rodaban por la montaña; además, les tiraban piedras para que los animales de los carros se asustaran y les precipitaran al barranco.

Carros, caballos e infantería fueron precipitándose al vacío. La retaguardia de Roldán había sido aniquilada.

Consciente de la gravedad de la batalla, Roldán intenta llegar al collado para, desde allí, hacer sonar su olifante y pedir ayuda a Carlomagno.

Mientras, todos luchan con gran bravura contra los sarracenos. Roldán es herido de muerte en el llano de Roncesvalles.